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Nací el 7 de Marzo de 1945 en Santiago de Chile, tuve una infancia de muchas carencias económicas. Durante mis primeros años de vida mis padres y mis hermanos siempre estuvieron a mi lado.
Fuimos una familia muy humilde, pero muy rica en valores espirituales y en el crecimiento como seres humanos. Mi papá era albañil y mi mamá era ama de casa y mi hermano también fue albañil como mi padre. Gracias a su esfuerzo yo pude estudiar hasta tercero de humanidades que es como la prepa de acá y me dediqué al futbol.
En mi infancia fui muy feliz, siempre correteando una pelota. Lo único que jugaba era al futbol, mi pasión, mi vida, siempre fue el futbol y como niño pobre tuve pocos juguetes, pero fui inmensamente feliz en la convivencia con mi familia y con mis amigos del barrio. Mi mamá quería que estudiara, lo hacía porque ella me obligaba y yo no sabía que en el futbol profesional se cobraba.
Cuando tenía 15 años llegue al equipo Audax Italiano en mi natal Chile y empecé a cobrar más que mi padre. En un mes ganaba tres o cuatro veces más y ese fue el momento cuando hice del futbol una profesión.
Cuando firmé mi contrato en el futbol me regalaron tres trajes y en esa época 30 pesos chilenos, que no sé cuánto será ahora, pero yo creo que como 50 o 100 dólares.
Es así como empieza mi carrera en el futbol, con el que mantendría ligado toda la vida.
Cuando llegué al América y conocí a don Guillermo Cañedo y a don Emilio Azcárraga, sus hijos eran pequeños. En mi primer torneo largo aquí fuimos campeones, fui elegido la figura de México y me enamoré del Club América. Estaba José Antonio Roca, Panchito Hernández que fue un verdadero padre para mí y todos ellos me hicieron crecer como ser humano.
Yo no sé si jugaba bien o mal, pero mi entrega era al 1000%. Entre mis defectos creo que están que era muy gruñón, me enojaba todo. Si ganábamos o perdíamos estaba enojado porque no me conformaba con un triunfo. Eso lo aprendí aquí si ganábamos 1-0 nos enojábamos, si empatábamos era horrible y si llegábamos a perder ni nos hablábamos en los vestidores.
El América Me dio todo, el amor a México, a la afición, a la camiseta, el América me dio todo y yo le di todo y sé que por eso la gente me reconoce como su estandarte. Si las instalaciones de Coapa pudieran hablar lloraríamos juntos por tantos recuerdos que tenemos porque este es como el jardín de mi casa.
Luego me hice entrenador y ahora soy comentarista y mi vida siempre está y estará ligada al futbol.
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